y la noche me entrega tus olores
como brisa de verano
despeinando a su paso mis sueños más locos
y mientras la luna duerme
nuestras miradas rescatan una caricia en el fondo del tiempo.
Llegas a mi,
te deslizas palpándome
descubriendo en mi piel
tu piel
el deseo ardiente de nuestra propia vorágine
y en este espacio sin tiempo
cosechamos en silencio nuestras propias tempestades.
Desviste mi soledad mujer
escucha este grito sordo abonado con sudor y sangre
abre tu corazón
y comparte mi noche.
Carlos Enrique Ungo





